<body><script type="text/javascript"> function setAttributeOnload(object, attribute, val) { if(window.addEventListener) { window.addEventListener('load', function(){ object[attribute] = val; }, false); } else { window.attachEvent('onload', function(){ object[attribute] = val; }); } } </script> <div id="navbar-iframe-container"></div> <script type="text/javascript" src="https://apis.google.com/js/platform.js"></script> <script type="text/javascript"> gapi.load("gapi.iframes:gapi.iframes.style.bubble", function() { if (gapi.iframes && gapi.iframes.getContext) { gapi.iframes.getContext().openChild({ url: 'https://www.blogger.com/navbar/10460944?origin\x3dhttp://jaimeayala.blogspot.com', where: document.getElementById("navbar-iframe-container"), id: "navbar-iframe" }); } }); </script>

lunes, agosto 22, 2005

en este minuto

Todos los suspiros en este minuto, ahora me siento ligero, vacío y distante, soy otro más de la masa inerte, no pienso, no tomo mis decisiones, ya dejé de ser el que solía ser y me he convertido en un remedo de hombre, mi condición actual es aquella de la que me burlaba y reía, mi realidad es esta, pobre, sola y patética.
Perdón por no presentarme, soy Ernesto, igual que mi padre, igual que mi abuelo, igual que un tío y un par de primos, al nacer ya era parte de todos y mi identidad estaba al fondo del dique. Mi vida pasó demasiado lenta hasta hace un par de años, una niñez normal, sin demasiados saltos, regalos para Navidad, un par de castigos al año por rendimiento académico y otros por desorden, situación que se fue repitiendo en la adolescencia, pero ahí ya no me importaba, en realidad nunca me importó nada, la vida me fue pasando por encima y desde muy pequeño comprendí que lo único que iba a alivianar la situación era mi muerte, luego vino el fin de la vida como parásito hogareño para pasar a parásito a distancia, como buen hijo de clase media comprendí que para no impresionar demasiado debía mantener un promedio bajo, eso aún cayendo en la situación de peligro académico, por lo cual me eché mi primera carrera y continué con otra que me haría rico y famoso. Esta de más decir que si Ud. no me conoce es porque sencillamente mi plan genial no resultó, ahora con un par de años en el cuerpo y con una temprana crisis de la edad media me siento demasiado cercano al fracaso, de hecho siento que ese éxito ya me pasó y podría perfectamente acostumbrarme a esta posición mediocre en la que he invertido excesivo tiempo.
Pero es demasiado esta situación, ¿cierto? O sea no todo el mundo vive en una depresión continua, siempre hay algún punto alto en tu vida, algo que te ayuda a cerrar esa amarga etapa que viviste y que te hace mirar el futuro con otros ojos, con más ganas, le da un sentido último a tu vida. Bueno, esto comenzó hace un par de años ya, conocí a una mujer increíble, su mirada me derretía tenía una cara preciosa, era intelectualmente capaz de seguir una conversación conmigo sin caer en los vicios en los que incurre tanta gente, podíamos pasar largas tardes conversando acerca de libros y música y cine y toda esta pseudo cultura que nos llena los días, era el sueño de todo hombre y la envidia de toda mujer. Y, ¿qué pasó? Lo que me pasa generalmente, es el recuerdo divino, es cuando vas viajando en un bus y te tocan el hombro y te dicen, “despierta ya llegamos, ¿dónde se baja?”, La mujer ya no era la sensual e inteligente heroína de mis sueños que me acompañaba día tras día, no, ahora era madre y yo por consecuencia, padre. Mi situación cambió de un momento a otro, mis necesidades ya no eran las mías, eran las nuestras, mi vida era prestada ya no tomaba mis decisiones, ni gastaba mi plata, pasaron un par de años, me había acostumbrado al hecho de que ya no me importaba todo esto, de que al fin y al cabo no soy el primero ni seré el último que lo estaba viviendo, un par de borracheras al mes y un par de minas al año lo solucionaban, me dejaban menos inquieto, eso y algunas pajas a la semana viendo alguna sitio porno en la oficina o en la casa y santo remedio, mi hijo crecía, mi mujer engordaba y yo hacía lo mismo por mi parte, ya me estaba acostumbrando y me estaba pareciendo perfecto, tan malditamente perfecto.
Y aquí es cuando te tocan el hombro y te dicen que esta es tu bajada, pero no la mala, si no que la buena, la necesaria, la que te hacía falta. Conocí a una mujer, no era la mujer inteligente y sensual que había conocido tiempo atrás y de la cual quedaban solo residuos, era diferente, sentía un espíritu indomable en sus ojos, se traslucía su alma y me veía reflejado a través de los suyos, era perfecta, simple y sencillamente así, perfecta, no tenía mucha cultura, ni era particularmente inteligente, pero sabía todo, absolutamente todo, con una mirada te conocía, tenía la verdad encarnada en sus labios y no le molestaba decirla, cuando nos conocimos me miró de lejos en el bar al que iba regularmente, se me acercó, me dio un beso en los labios y me dijo que todo iba a estar mejor, que solo tenía que esperar, luego se retiró de mi lado y se fue, desde ese momento quedé profundamente enamorado, no podía dejar de pensar en ella, era todo en mi vida, pasaron un par de semanas, por un amigo supe donde vivía y armado de un poco de coraje y estupidez llegué a su casa, vivía sola, era una casa grande, de esas casas antiguas con las que uno sueña, pero que no le gustaría vivir, era inmensa, oscura, había un chevy del 68 en la cochera, se notaba que nadie lo había ocupado en años, toqué la puerta y me abrió ella, estaba envuelta en una frazada, sus grandes ojos verdes me miraron de arriba abajo, me hizo entrar, al pasar por su lado me dijo que me esperaba antes, que me había demorado más de la cuenta o algo así, quedé sin habla, su casa estaba llena de objetos antiguos, debe de haberse dado cuenta de mi sorpresa, me dijo que la había heredado hace un par de años, que era hija única, que sus padres fueron, literalmente, dueños de casi la mitad de la ciudad, me senté en un sillón antiguo y ella se sentó a mi lado, me quedó mirando durante largo tiempo, su dulce sonrisa no se aminoraba, yo trataba de mirar hacia adelante, pero su insistente mirada me quemaba la parte derecha de mi rostro, luego dio un suspiro y miró hacia al frente, “como sabías que iba a venir”, le pregunté, “no se, por la curiosidad, me imagino”, no podía ser más obvio, o sea, ella me había besado el otro día sin un porque y lo que me dijo tampoco tenía sentido. El resto lo recuerdo a pedazos, se me acercó al oído y me dijo que mi mirada no era la misma de hace años, yo estaba seguro de no conocerla, se abrió la frazada y me cubrió con ella, debajo no llevaba nada puesto, pero en realidad eso no importaba, yo la abracé y no recuerdo como, pero un ruido de ollas me despertó al rato, estaba en su cama, no tenía puesto los zapatos, lo demás estaba en su correcto sitio, la escuché tararear una canción en el primer piso, pasé por fuera de un par de piezas, los muebles estaban cubiertos por sábanas, tenía una biblioteca que ocupaba la mitad de la casa, atiborrada de libros antiguos, el tarareo se incrementó junto con el olor a café, me acerqué a lo que parecía la cocina, ella usaba un buzo y chalas, “buenos días” me dijo sin girar a verme, ahí recién me acordé de mirar el reloj, eran las 10 de la mañana del otro día, mi señora, mi hijo y toda esta responsabilidad asumida después de años de convivir con estás personas, mierda. “No te preocupes por tu trabajo, hablé con tu jefe, trabajó para mi papá un tiempo, le dije que me estabas asesorando con algunas propiedades”, mi mujer, mierda, pero no me ha llamado, mierda, eso es peor aún, “disculpa, pero tengo que irme”, “estás casado, si se” me quedé mudo, como lo supo, el anillo lo guardo en el bolsillo de la chaqueta “no porque te saques el anillo se te va a borrar la marca”, sonreí al mirarme el dedo, tenía una marca muy visible, el verano suele dejarme esa marca, idiota. “de verdad me encantaría quedarme, pero...”, “si te encantara quedarte, te quedas, no digas cosas que no sientes”, no podía pelear con lo obvio, quería quedarme, deseaba estar con ella, no era otra mujer del bar o alguna aventura del trabajo, me senté en la mesa, había pan caliente y café servido, ella cocinaba huevos con tocino, tenía tomado el pelo con un lápiz, mi madre hacía algo parecido cuando era joven, ahora no, no últimamente. Conversamos durante horas, su vida era solitaria, su padre quedó viudo muy joven, no recuerda como era su madre, tenía apenas 4 años cuando murió, su padre viajó por todo el mundo, la trataba de llevar cuando era posible. Así aprendió diferentes idiomas, estudió un par de años en Nigeria y en Holanda, se notaba un acento raro, pero no podía saber de donde era. Yo le conté de mi vida, mi hijo, mi señora, mi familia, “me gustaría haberte conocido antes”, me dijo, antes que no estuviera tan caga’o, pensé, yo la miré y suspiré, si a mi también me hubiera haberte conocido antes, te amo sin conocerte, siempre soñé contigo, “gracias” eso fue lo único que supe decir, nunca me había sentido tan transparente como en ese minuto “tengo que irme”, “si se, ya sabes donde vivo”, me dijo. Me fui al trabajo, mi mujer me había llamado un par de veces hacia allá, al celular nunca me llama de noche, creo que no quiere dar la impresión de que me controla, aunque lo haga, la llamé de vuelta, no tenía ganas de hablar, le dije que había salido con el chico, un amigo al que habitualmente le echaba la culpa de todo y que finalmente no le importaba, ya que a mi señora le caía pésimo, no se si a ella no le importaba ya el hecho de que me quedara afuera de vez en cuando o que en realidad no le importaba yo, no me molestaba ni me cuestionaba nada ese día, sus palabras, la conversación y dormir como nunca en ... ya no me acordaba de hace cuanto no dormía tan bien. El resto del día fue igual que todos los días, al final me fui a casa, a mi casa, en la micro pasé por fuera de la casa de ella, la miré, nunca la había visto de esa forma, tan iluminada, tan clara, pasaron un par de días sin ir a visitarla, pasaba por fuera y de vez en cuando veía su sombra en alguna de las ventanas, quería bajarme y entrar y besarla, todos los días lo mismo, al final el mismo cobarde regresando a casa, sin poder sacar la cabeza de ese día en el bar, hasta que me animé y toqué su puerta, me abrió su puerta con una sonrisa, “te estaba esperando, pasa”, sus ojos me quebraron, sin mediar palabra caí a sus pies llorando, algo había pasado y no podía entender qué, ella se arrodilló y me acercó hacia su pecho, su corazón se había acelerado, me tomaba el pelo y me lo acariciaba, no dijo nada, ni un murmullo, solo me acarició durante un par de horas, los dos en el piso con la puerta semiabierta y la ciudad oscureciéndose a pedazos, luego me paré y senté en el sillón viejo, ella fue a la cocina y me trajo un te con canela, nunca había probado el té en mi vida, de la leche me pasé al café en la adolescencia, “tómalo a sorbos, con cada poco de té tu pena se irá, y al mirar el fondo de la taza no pensaras en otra cosa”, esperaba que pasara algo mágico, durante el té me sentía cada vez más miserable, que estaba haciendo acá, no conozco a esta mujer, no se quien es, ni se porque me habló, a lo mejor era una loca más, a lo mejor era otra maníaca, a lo mejor..., el té se terminó, la taza era transparente, al final del té estaba ella, detrás del fondo de la taza se me apareció, aun por la distorsión del cristal se veía perfecta, la sonrisa, los ojos, el pelo tomado detrás de la cabeza con un lápiz, la frazada, fui feliz en ese instante, en ese instante y por meses fui el ser más feliz del planeta, no me importó enterarme por el chico que mi mujer me cagaba habitualmente con él o que mi mujer se quería divorciar de mi para casarse con él, que mi hijo probablemente se quedaría con ellos y que crecería odiándome, total de todas formas lo habría hecho, después de un tiempo dormía todos los días con la mujer que me mantenía con vida, con la que me daba el aire que me faltaba, todos los días la casa se llenaba de nuestras risas, de juegos. Al tiempo me echaron del trabajo, obvio, ya no iba o elegía aleatoriamente los días para ir, nos quedábamos hasta tarde conversando del ahora y de nuestros pasados, nunca del futuro o de nuestros sueños, ya lo estabamos viviendo, y bueno, siempre te tocan el hombro de vez en cuando para bajarte, la bajada era allá atrás señor, me dijeron un día.
Fue un día temprano, yo había bajado de peso gracias a que ya no salía o que me olvidaba comer, además que no estaba con otra persona que no fuera ella, nunca pensé que fuera por otra cosa, tampoco lo pensé por ella, fue un día temprano, desperté con el sonido del vomito en el baño, era habitual, pensé que era por la resaca, pero el día anterior nos habíamos acostado temprano, me acerqué a la puerta, le pregunté si le podía ayudar, si necesitaba que le trajera algo, se oyó tirar la cadena, la escuché lavarse las manos, colgar la toalla y lentamente abrir la puerta, sus ojos me miraron tiernamente, su sonrisa trataba de estar ahí, pero no lo lograba, en ese minuto lo supe, no tuve que escuchar lo que me iba a decir, todo terminaba en un par de semanas más, meses quizás, no hay dolor, no hay apuro, “tenemos todo el tiempo del mundo” me dijo, “nunca pensé que fuera a durar tanto, a lo sumo un par de semanas después que te conocí en el bar, te acuerdas” como no lo iba a recordar, “siempre supe que eras el hombre de mi vida, hay gente que nunca conoce el amor, que nunca sale a buscarlo, yo lo tuve que robar, pero ahora es mío”, siempre fue tuyo pensé, me besó en la frente, traté de convencerla que fuéramos juntos al médico, me dijo que no había vuelta atrás, que lo único que había que hacer era esperar, yo insistí, me miró de reojo, nunca lo había hecho, siempre me miraba de frente, me dijo que si tanto necesitaba ayudarla que fuera a hablar con algún médico, yo busqué durante días al mejor especialista en el país, ella estaba muy débil, quería creer que podía haber forma de solucionarlo, fui a comprar los pasajes para ir a ver al médico, a la vuelta la cochera estaba cerrada, el ruido del motor no me sorprendió, siempre supe que ella prefería esto, abrí la cochera y me acerqué al auto, ella estaba blanca, sus ojos estaban cerrados, apagué el auto y la saqué de ahí, la llevé hacia el jardín lloré todo el tiempo hasta que llegó la policía, me imagino que los vecinos deben haberla llamado, después de acompañar su cuerpo al hospital, me volví hacia la casa, ya no era la misma, pero ella está ahí, su olor, sus huellas recubrían cada aspecto de la casa, su ropa sucia aún estaba en el piso mezclada con la mía, sobre la cama había una nota, “te amo, no me importa nada más, todo va a estar mejor, solo tienes que esperar”, pasaron varios días, sonó el teléfono, era el abogado, me dijo lo de la herencia y lo que había pedido que hicieran con su cuerpo, recorrí parte del mundo en el que ella había vivido, sus cenizas las repartí por todos los rincones de aquellas partes donde había estado, me di cuenta que poseía propiedades en todo el mundo, todo pasó a mi nombre después de su muerte, nunca viví más en esa casa, nunca la vendí tampoco, de vez en cuando volvía a mi casa, a mi ciudad, a mi país, estoy viviendo tiempo prestado, mi vida ya la viví y fue maravillosa, quizás un día de estos salga a dar una vuelta en auto.