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jueves, julio 21, 2005

déja vù

O sea, si hubiera sabido, nunca lo hubiera hecho, creo.
Solo hice lo que hago siempre, ver enfocar, calcular la luz, el encuadre y disparar, la diferencia fue estar de frente a ellos, él miró hacia el lado izquierdo del encuadre, casi cayéndose del marco de la foto, ella estaba mirándolo fijamente, pero no con sinceridad, algo triste había en su mirada, el arco de las cejas, el brillo de los ojos, su pelo corto detrás de la oreja izquierda, su mano sobre el muslo derecho, ligeramente doblado, el fumando, exhalando el humo recién aspirado y el cigarrillo casi todo consumido con su ceniza aún intacta, me parece que lo que se veía de la ventana le llamaba más la atención que a ella, la cama estaba desordenada, nunca la había visto así hasta entonces.
Se veía la humedad, estaban ligeramente sudados, yo había llegado recién, como siempre paso por ahí a saludarlos, ese día no fue diferente, les pedí sacarles una foto y ellos aceptaron, nada extraordinario, solo eso, lo había hecho un millón de veces antes, después de la foto se levantaron y preparamos algo para comer y beber, llegaron un par de amigos a la hora después. Como suelo hacerlo, seguí sacando fotos, a ellos, a nuestros amigos, al perro que corría desesperado por la música, a la ventana del fondo que prendía roja por culpa del neón de la tienda de abajo, al asfalto recién lavado y al respectivo individuo que lo lavaba, a mi posterior escape a un lugar mejor y la cámara enfocando ebriamente cada semáforo esperando que alguien después entendiera la metáfora vegetal que me significaba a mí en ese bello y precioso momento, a dos pacos tratando de levantar a un vago que yacía ebrio a un costado de la calle, los perros persiguiendo a un auto, y el final del rollo en una o dos mujeres de peculiar belleza que se entregaron al lente, pero que, lamentablemente, a mi esa noche no.
Las fotos no significaron nada, solo momentos suspendidos en el tiempo, enmarcados en 35 mm, para siempre, ese momento, ese instante indefinible en escala humana, ese segundo que aún cuando el obturador este abierto 2 segundos o más, para nosotros es menos que un instante.
Les dejé aquella foto por debajo de la puerta con una dedicatoria, como corresponde. No supe mucho de ellos hasta la vuelta de mi viaje al sur, llegué a su casa después de tres meses con mi cámara, como siempre, ella me recibió con una sonrisa, fue mi primera foto, conversamos un rato, me pidió que me sentara, vi mi foto enmarcada en una de las paredes, con un paspartú negro inmenso, se veía bien, raro, pero bien, le pregunté que como estaba él, ella me dijo que al llegarles la foto la vieron juntos y supieron que hacer, nada podría deshacer lo que reflejaba esa foto, el desamparo y la melancolía de esa situación, la mirada de ella en él, pidiendo ayuda, comprensión, tratando de esquivarme, pero sabiendo que la estaba mirando, la foto les recordó que ese día él llegó a casa temprano, que hicieron el amor, que luego de eso discutieron, que eso no era lo que ella quería, que él no podía dar más de lo que daba, que ya no la quería pero que quería intentarlo, que si es así mejor no seguir juntos, que ella quería niños, que él no, que mejor seguimos intentando, que tocan la puerta.
La verdad me siento medio responsable de la situación, más aún cuando les regalé la foto, más aún cuando la dedicatoria decía "que este instante les dure por siempre", más aún cuando ahora estoy acostado en mi cama con ella y me mira mirar la ventana y yo miro el marco y me mira mirar la ventana y la virtud y sus circunstancias.